Ellas, que son YO.
Ellas son yo. Yo soy ellas. No cabe duda de que la mujer es más que la suma de sus circunstancias, sus quereres, sus deberes y sus píldoras. Ahora ellas, que son yo, formamos parte de una campaña de promoción electoral. Es el momento de garantizarnos lo que siempre se pospone. Pues desde hace años ya podemos votar sin que nuestros “hombres” intervengan. Entonces, ahora que somos carnaza electoral, nos reclaman. Somos el estandarte de aquellos que por “ideología” nos han dejado en casa con los hijos y labores varias. Sí, aquellos que nos hacen señoras de o hijas de, pero siempre con un apellido cargado de florituras y usos sociales. Estos mismos, después del sacrificio de nuestros derechos y pellejos, dicen tenernos en cuenta.
Este es el momento para poner nombre a las víctimas de género. Momento exacto parece éste para que nuestros salarios se equiparen y para que nuestras ideas se hagan carne y seso. Para dejar de mostrar nuestras “razones” en revistas de medio pelo. Para dejar de sentirnos culpables si a los 45 queremos ir a la universidad a terminar aquello que dejamos en el tintero. Pero es curioso porque me lo prometen hombres altivos encorbatados, acompañados por mujeres de anuncio de detergente. Me hacen sospechar. Soy sincera y repito que “me hacen sospechar”. No dudo que haya mujeres capaces de entender sus nuevas razones pero no puedo compartir los motivos que les llevan a ello. Tras años planchando sus puños de camisa de banqueros y oyendo como hablan de su nueva secretaria, mis sospechas crecen por momentos.
Las mujeres, ellas que son yo, han de creerse personas. Saberse personas. Sentirse personas. Muchas se ven obligadas a mentirse disfrazándose de silencios, de moretones, de recortes administrativos, de “no tenemos su talla”, de “qué se cree la tía lista”… Quisiera saber qué será la famosa niña del Señor Rajoy. Qué futuro le garantizan. Quizá logre terminar su carrera profesional de licenciada en empresariales y hacer su MBA, para llegar a una importante multinacional donde por “cuestiones de competitividad” sea relegada al puesto de secretaria de un jefecillo. Quizás a ella le guste él. O quizás no, pero eso no es lo que importa ¿verdad?[…] El resto de la historia la pueden escribir ustedes, pues yo no soy la niña de Rajoy y no sé a qué aspiran ellos para sus mujeres. Yo aspiraría a que ellas lo decidiesen por sí mismas. Porque ahora ellos ya piensan por ellas, que soy yo.
Miss Carrusel






¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡MUY
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡MUY BIEN, MISS CARROUSEL, MUY BIEN!!!!!!!!!